Debí haberlo sabido, no sé como pude ser tan ciega y no darme cuenta antes, las señales estuvieron ahí desde aquella fría mañana de enero cuando lo ví por primera vez. Caminaba con prisa, huyendo de algo, ¿sus pensamientos?, ¿su conciencia?, ¿la policía? o tal vez todo al mismo tiempo.
Parecía un tipo cualquiera, un vecino más que acababa de mudarse. Podía engañar a todos, incluso a mí, con su apariencia común, ropa corriente y estilo desaliñado. Era un lobo solitario, rara vez lo vimos en las asambleas de vecinos, sólo salía en las noches en compañía de ese animal que constantemente tiraba de la cadena y ladraba a todo aquel que se acercaba.
Su casa tenía un aura oscura, gris y tenebrosa, el jardín estaba descuidado, lleno de yerbajos que sin duda alcanzarían el metro y medio antes de que fueran arrancados. Pero ¡¿qué digo?!
nunca levantó la mierda de su perro, cómo iba a tener un jardín decente o casa presentable. Era obvio que no le importaba que alguien se ensuciara por culpa suya, ya saben lo que dicen, “el que está en lodo querría meter a otro”.
Y fue justo esa carencia de precaución lo que lo llevó a la ruina. Quizá si hubiera tenido un ápice de respeto por las normas del fraccionamiento pudo haberla librado. Ni hablar del descuido que llevó en su vida, no sólo exteriormente, hablo de los detalles, como el hecho de estar seguro que cerraste la puerta principal.
Encontré a su perro en el jardín, cavando agujeros y defecando junto a cada árbol. Haciendo a un lado el temor que inspiraba, me acerqué decidida y lo tomé de la correa, sorprendida noté que el animal era dócil. Con mano firme me encaminé hasta su casa para entregarlo al dueño y de paso reclamar por los destrozos. La puerta estaba abierta, toqué dos veces antes de entrar, más nadie respondió, el animal entró e inmediatamente rascó una puerta que daba al patio exterior. Picada por la curiosidad lo seguí, olvidándome de la invasión a la propiedad privada. Giré la perilla y aterrada salí corriendo del lugar en cuanto mis ojos se posaron con un cuerpo desmembrado.
El hombre fue arrestado en cuanto volvió a su casa, no supe qué fue de él, quién era la víctima o qué lo orilló a cometer dicha atrocidad. Sin embargo el perro se quedó conmigo o al menos lo haría hasta que su antiguo dueño volviera una semana más tarde, oculto entre las sombras, con un nuevo objetivo en la mente.
– Sue FC –