Todas las noches antes de dormir, Emma tenía por costumbre sentarse en su cama para contemplar la luna y con ella recordar …
Recordar las huellas de ese amor perdido en el tiempo, repasar los cándidos besos en su cuello, el dulce aroma restante de las sábanas, los agitados latidos de su acelerado corazón y la pasión desbordada convertida en sudor.
Lo había conocido por casualidad, sin buscarlo pero queriendo encontrarlo. Añorando sus labios sin haberlos probado. Deseando que fuera el príncipe azul con el que siempre soñó, ese caballero de brillante armadura que la rescataría de la soledad y la monotonía, quien curaría con abrazos las heridas de un mal día.
Pasaron los días y su amor por él crecía entre miradas y tazas de café. Paseaban con el sol, charlando de banalidades, explorando paisajes y almorzando hasta pasada la tarde. Se entregaban sin prisas, con la luna de testigo, recorriendo los cuerpos desnudos entre sábanas y risas, deseando que el nuevo día solo por esta vez se retrasara.
Soñaba despierta con el futuro a su lado, una casa, hijos e incluso dos perros. Cumpliendo metas, viajando y celebrando, el ayer, hoy y porvenir. Pero lo que ella no sabía es que ese día jamás llegaría.
Se marchó sin decirle adiós, ni si quiera una nota dejó. Empacó en silencio, llevándose consigo las promesas que nunca cumplió, dejando guardados en el cajón los besos que no podría dar. Mirando la luna que más tarde le haría recordar.
– Sue FC –