Héroes y villanos

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A diferencia de todas las niñas de mi edad, que crecieron escuchando cuentos de princesas y caballeros, yo lo hice con historias de superhéroes. No era de extrañar, puesto que fui criada por un fanático de los cómics, ¿viudo? ¿divorciado? o ¿abandonado? No lo sé. Jamás conocí a mi madre y honestamente nunca la necesite. Ese hombrecillo que hasta la fecha tiene perdida en la memoria mi concepción, me ha dado amor de sobra.  

Todas las noches antes de dormir, me leía una de sus historietas, fingiendo voces y hasta efectos de sonido, lo cual lejos de arrullarme me espantaba el sueño. Cuando las letras dejaron de ser legibles y de los dibujos de las páginas sólo quedaban las siluetas, mi padre tuvo que recurrir al poder de su imaginación e inventar nuevas hazañas con personas dotadas de talentos especiales, por supuesto. En su cabeza no había cabida para otro tipo de protagonistas. Confuso para muchos pero evidente para mí, mi papá deseaba con todo el corazón que la ficción traspasara el velo de su imaginación hacia nuestra realidad, cosa que ocurriría en un futuro no muy lejano.

Nadie sabe con certeza cómo es que pasó, era una maldición para los fervientes religiosos, un sueño hecho realidad para los nerds como mi papá y algo inexplicable para el resto. Para mi por otra parte, era algo bastante simple: evolución. La misma evolución que para ese entonces yo estaba enfrentando, la terrible adolescencia, con cambios de humor cada cinco segundos y alteraciones en gran parte de mi cuerpo, aunque nada fuera de lo ordinario.

No todos fueron bendecidos con poderes, dones o nuevas habilidades. Yo por ejemplo, lo más cerca que estuve de poseerlos cuando el brote se dio, fue hacer dramáticas tormentas en vasos de agua o mantenerme invisible ante los guapos del colegio. En cambio, mis vecinos y mejores amigos desde el jardín  de niños, Roger y Megan, se encontraron del lado opuesto. Él podía modificar su estatura desde 3 centímetros hasta 10 metros y ella era capaz de controlar y leer la mente de cualquier ser vivo, telépatas les llaman. Juntos se volvieron el dúo dinámico favorito de nuestra ciudad. Al igual que en las historietas de mi padre, ellos atrapaban delincuentes, prevenían robos o ayudaban a quien quiera que se encontrara en peligro. 

Probablemente su vida habría sido fácil aunque emocionante, llena de aplausos sabor a gloria, pasarían a la historia convertidos en monumentos y todas esas tonterías, de no haber sido porque en mi cumpleaños número 25 el destino hizo una conspiración junto con mi ADN, para transformarme en la peor villana a la que el par de héroes se enfrenarían, la enemiga que nunca esperaron y que acabaría con su vida en un parpadeo, pero esa, es otra historia. 

– Sue FC –

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