Creyeron que no lo lograría, que me quedaría ahí, callada, estancada y lo que es peor aún resignada. Sí, pasé por una mala racha, sí, me caí, una y otra vez y sí, pensé en rendirme, quedarme tirada como el resto de las personas que conocía, aquellas que al descubrir que sus sueños son más pequeños que sus miedos deciden abandonarlos y tirarse al río de lo ordinario.
Pero entonces lo comprendí, comprendí que por esa misma razón había más gente común que extraordinaria, porque todos son capaces de caerse mil veces, pero pocos llegan a levantarse mil y un veces. Sin duda es más sencillo tirar la toalla que volver al ring y pelear contra los obstáculos que la vida te pone enfrente. Casi nadie entiende que esas fatalidades, simplemente son una prueba del destino para comprobar que eres digno de saborear la victoria de conquista al cruzar la meta que tanto anhelas.
Supongo que los sueños son infinitos, pero la realización es limitada, solo existen algunas vacantes para vencedores, por esa misma razón no todos lo logran, yo estuve a punto de ser una de esas perdedoras que comprueban que es más fácil ser como los demás, tener una vida normal, un trabajo normal, carente de emociones y ambiciones. Pero me subestimaron, en cuanto recobré algo de fuerza me puse de pie nuevamente, podía ver la luz de la esperanza al otro lado, estaba lista para resurgir entre el asfalto de la vida, dispuesta a florecer y luchar por ese sueño que estaba destinada a cumplir.
– Sue FC –