Rosa, así veía la vida, era un ser sensible y bondadoso, trataba a todos con ternura, era delicada mas no débil, ni de espíritu de carácter.
Azul, era el color de su alma, vivía en armonía, fiel a sus principios, tomando las cosas con calma y tranquilidad, simpatizando con todo aquel que la conocía.
Negro, como la noche era su cabello, le daba un aire de misterio y sobriedad que combinaba con la seguridad de su andar.
Verde, el iris que rodeaban sus pupilas, brindaba esperanza a los acongojados, estabilidad a los perdidos y juventud a la vida, los años nunca pasaron por ellos.
Rojo, como el fuego era la llama que alimentaba sus acciones, cumpliendo los deseos que su corazón le dictaba, viviendo con pasión y amando por placer.
Morado, le quedó el tobillo tras el primer tropezón que dio en la vida, sin embargo, ella se levantó con elegancia como si fuera de la realeza y siguió hacia adelante, con la mira hacia el futuro.
Amarillos, fueron sus últimos días, alegres, llenos de vitalidad y optimismo, gozó plenamente cada aliento que la vida le regaló.
Blanca, así la recibió la muerte, con sencillez, cuidando de la pureza de ese noble espíritu, la guío y acompañó al otro lado, cruzando de la mano hasta el final del arco iris.
– Sue FC –